miércoles, 14 de mayo de 2014

La manía de querer ser escritor.


Hay tres tipos de niños: Los que sueñan con la fama, los que pretenden tocar la luna y los marginados, estos últimos pintan, rayan y se quejan, la mayoría de veces terminan cambiando el mundo (o al menos soñándolo). Narrar los años que la mayoría llaman perfectos es pérdida de tiempo, yo los pasé queriendo crecer cada día un poco más. No hay mucho qué decir cuando se es pequeño, narrarle al diario qué  se hace o qué se come termina hastiando.

En general te crece el pene o las tetas y con ellos la curiosidad. Así te folla la literatura y te subyugas a volver a hacerla  y recrearla, experimentarla y joderla, descubres mil maneras de llevarla a cabo y partir de eso la desarrollas y criticas, conforme a eso va creciendo. Te leen, se sienten con el poder de opinar; los retas a hacer algo mejor y cuando se codean con tu superioridad y ella los manda al carajo, no fue tan difícil joderlos, ¿no? Basta con conocer un novato para que el orgullo crezca, conoces al segundo y hasta la última partícula se engrandece con locura.

Sale lo filósofo y te crees Lacroix. Un poco de erotismo y eres Sadé. Basta con leer el manifiesto y eres un comunista de izquierda, y así sucesivamente, no sabes quién eres porque la personalidad que te ofrecen va mejor contigo que la anterior… terminas con un mercado negro de estupideces que a nadie más que a ti le interesan.


Todo lo que haces tiene un poco de ti, hasta que intentas que no lo tenga y fracasas, entras a alguna variación de crisis existencial que se hace visible en “tiempos de descanso”, le escribes a tu primer amor, a tu mejor amigo, odias al mundo y vas matando a unos cuantos, odias a uno en específico y por inercia terminas convirtiéndote en él. Te das cuenta que eres una escoria y encuentras más escorias, dejas de ser escritor cuando lo analizas, ahora sólo escribes, sólo vives como los demás miserables. Ya no hay superioridad que valga, ibas muy rápido para darte cuenta que pisaste mierda.

Arcanttor.



I
"Llueve. El hombre del traje gris se aproxima al bote de basura. Husmea en él buscando algo qué comer. Me mira con recelo y se aleja refunfuñando. Ha sido un mal día para los dos.". 


Rodamundos. (Otro día en el paraíso)
-Karlos Acosta.

II
La mujer de tez canela está sentada en la silla de madera fuera del balcón de su hogar. Bosanova vibra sus tímpanos. Viste una falda veraniega de color azul celeste. Los que pasan por su balcón notan a leguas que no está usando ropa interior. A ella le importa una mierda. Por suerte, el viento otoñal le hace un favor.


III
El día se retira y la noche carcome nuestras pupilas. Se levanta como brisa matinal desnudando las perversiones de la gran urbe. En la parada del metro un muchacho de lentes se come a besos las lágrimas de su novia.

IV
La fauna de sus sueños cae como peso de gigante sobre su uña torcida y chamuscada. Escucha los pasos subiendo las escaleras. Él sumido en miedo, busca la sonrisa de alguien más escondiendo su rostro bajo su sábana. “Ojalá y todo fuera tan fácil…”

V
Abre el frigorífero y saca una cerveza. Se sienta en su sofá marchito con los resortes salidos por los brincos de tantas putas que han pasado por ahí. Sube sus pies a la mesa que se sitúa enfrente de él. Prende el televisor. “La mujer que usted ama ha desaparecido”. La cerveza cae y ahoga sus ilusiones.


VI
Calla y se recuesta en el piso de su cuarto. Observa el techo blanco como su piel. Desespera pero sigue inmóvil. “A la mierda todo” se dice. Y lo único que queda es un portazo de hace una semana y unos golpes de hace 10 segundos llamando a la puerta.






domingo, 27 de abril de 2014

Nocturninus.


Todo se acaba y queda sumido en un fango espeso y brumoso de polvo.

[...]

Quizás eso sea sólo exclusivo de las letras. De los libros. De las catedrales sublimes que ciernen nuestros libreros. De esas joyas que arquean nuestro mueble de roble por el peso del conocimiento, de los mundos interminables y de las tristezas y felicidades. De los sentimientos que pesan como rocas en los ojos mientras leemos precavidamente a las 5:47 am en la comodidad lastimosa de nuestras camas bajo la colcha con una linterna vieja.


Esa delicia masoquista es la que nos hace despertarnos sin haber dormido un minuto para tomar el tintero y volver a pintar sobre el lienzo diario de nuestras vidas. Me hace sentir muy bien que este barrio no haya cambiado. Que este barrio literario sigue intacto. Putas en las esquinas, basura tirada, cumbias en la azotea, gemidos de las alcobas, carteras desiertas ¿y las cervezas Corona de cada domingo? Es lo único que habré de extrañar... Y cada personaje letrado que acompaña mi vida en el sendero tan duro que nos hace flaquear, pero volvemos a la batalla.

Y en este blog se presenta cada personaje del que hablo: Demetrio, Víctor, Misael, Valeria, Sergio, Frank y yo... ¡Pobres almas desahuciadas buscando consuelo!

[...]

En fin, entren y descubran lo grande que puede ser encontrarnos bajo los velos de los párpados de los insomnios a los que nos sometemos.


-Gianluca Daglio.




martes, 22 de abril de 2014

Nosotros.

Nos encontramos en este limbo circunstancial entre la oniria y el insomnio, divagamos cual puñales en busca de su objetivo errante. Somos marcos de una historia caótica o en defensa de la misma; un recuerdo que permanece. El sueño adimencional contradictorio que nos separa de la realidad

Permanecemos impávidos ante los agravios lingüísticos del hombre contra el hombre. Menospreciamos la subjetividad porque nos recuerda la necedad virginal del reconocimiento; nuestra Humanidad nos ahoga y acongoja la saciedad corporal que en armas tomar buscamos en la muerte a pesar de que sin saberlo, esto es el suicidio de la especie. Me niego a aceptar el fin del hombre.

Vivimos envilecidos, anonadados por la amarga presencia de la muerte sobre nuestras sombras de tristeza, de soledad, de eufórica felicidad. Y es porque morimos, lo hacemos cuando plantamos para dar vida, hacemos el amor, oímos a Beethoven mientras las gotas de lluvia destrozan los cristales de nuestra ventana. Cada que una bomba explota y una letra hiere o ama la raza se inclina al lado del caos. 

Nos encontramos en ésta sinfonía, dónde cada compota de amargura es la nota que lo compone.
Dónde cada silencio fúnebre se desvanece en un aliento desgastado, cansado, exprimido. Siendo una barca sin mar en el cuál navegar, atrayendo al viento sin poseer su nombre.
Cantamos por lo que nace y muere, cuándo las gotas de lo lúgubre explotan.
Entendemos sin entender, buscando morir sin morir.

A veces, con tantas personas, sobran las palabras y faltan las ideas. Sonidos huecos que no crean un eco en el espacio y en el tiempo perdurando como idea, que logra tocar a uno, y conectar a otros.

Nosotros...

 Preferimos tocar lo que no debe ser tocado, e investigar donde la subjetividad tiene prohibido entrar. Aunque no nos guste, se refleja nuestro colectivo y nuestras ideas en un idioma, un escrito, un grupo. Confiando en que las letras puedan ser usadas con objetivos libres de mal, nosotros exponemos nuestras ideas, y la visión que tiene cada uno sobre el mundo que (con mala suerte, o quizás buena) nos ha tocado vivir.

Nosotros...  

Entre las sinapsis que nos conduce al sendero de lo impenetrable nos escondemos. Nos escondemos del recuerdo que nos acecha. 
Del recuerdo que nos aflige en cada herida no cicatrizada. 
Recuerdos que vuelan como mariposas negras en nuestra alcoba. Recuerdos que salen de nuestros labios en forma de humo... o de palabras. Recuerdos que se exprimen del brazo. 
Pero, nos escondemos de él. Del recuerdo sucio que nos turbia la vista. 
Y a pesar de todo... nos preguntamos diariamente: ¿Qué es el recuerdo? ¿Algo que tenemos o algo que perdimos?

Suponemos ser alguien o algo, un conjunto de vidas sin rumbo definido o la salvación para el mundo en que vivimos. Comunicadores de sueños putrefactos o protestantes a favor de la humanidad. Un conjunto de palabras sin rumbo o los cuerpos en que encarnó el arte. Qué sé yo. Vinimos buscando un sentido y espero terminemos un poco más perdidos.